Esteroides anabólicos II: La intrahistoria

Después de empezar a hablar la semana sobre los esteroides en INTRODUCCIÓN A LOS ESTEROIDES ANABÓLICOS le toca el turno a su intrahistoria, seguimos adentrándonos en el mundo de la química. ¡Vamos a ello!

El hombre siempre ha pretendido encontrar la manera de ser más fuerte, tener mejor condición física y a lo largo de la historia tenemos muchos ejemplos y sobre todo muy variados.

Volviendo la vista al inicio de los tiempos, distintos pueblos han pretendido ser los mejores, sin importarles cómo llegar a serlo.

Los moradores de la antigua Grecia intentaban aumentar su fuerza física por medio del consumo de grandes cantidades de carne, pero además buscaban el estímulo mental para ese rendimiento por medio de plantas o hierbas (de hecho, a los corredores de fondo les proporcionaban mejunjes antes de las competiciones).

En el otro extremo del globo, en la China del Primer Emperador Qin Shi Huang, se buscaba sobre todo la manera de reducir la fatiga de los soldados, y es por eso que surgieron de esa época el Ma Huang o Efedra, que aumentaba la resistencia cardiovascular y la presión sanguínea. Pero no eran los únicos que estaban literalmente obsesionados con la idea de mejorar las prestaciones de sus pueblos.

Los vikingos probaron el uso de la bufotenina (un alcaloide alucinógeno extraído de la Amanita Muscaria) con los guerreros Berserkir, a los cuales llegaba a originar la sensación irreal, de tener una fuerza en combate, hasta doce veces mayor a la consustancial a cualquier ser humano.

En el continente lejano (América), los indígenas peruanos mascaban hojas de erythroxylum (cocaína) para aumentar su rendimiento ordinario en el trabajo, mientras que, posteriormente los Incas haciendo lo mismo, llegaban a recorrer distancias muy largas en poco tiempo (se dice que desde la actual Cuzco, hasta la ciudad ecuatoriana de Quito en cinco días).

Pero volvamos a la historia moderna. En el Siglo XIX y principios del XX, los deportistas de élite utilizaban asiduamente cafeína sintética, cocaína, estricnina y arsénico, por usar algunos breves ejemplos.

Sin embargo, cabe decir que cuando se crearon realmente los esteroides anabólicos fue en el Siglo XX en la década de los años 30 (1939), en pleno auge de la Segunda Guerra Mundial, ya que gracias a sus fines médicos, aportaban una trascendental recuperación al metabolismo proteico de las víctimas con caquexia.

Aunque quienes descubrirían por primera vez la testosterona, serían dos científicos de la Alemania Nazi. Fueron Butenandt y Ruzicka, los que emplazarían sus estudios al uso humano a través de los laboratorios que se instalaron en distintos campos de exterminio.

Si la Wehrmacht utilizaba la también recién creada metanfetamina para aumentar su agresividad, la testosterona era sobre todo suministrada en forma de inyecciones al propio Adolf Hitler.

Después sería mi pueblo la Unión Soviética la que se dedicaría a recoger el testigo de los alemanes, y empezaría a introducirlo sobre todo en las prácticas deportivas de los años 50, ya que aumentaba significativamente la fuerza muscular, la resistencia y el peso magro.

Con el tiempo el uso de la testosterona estaría tan extendido, que a modo de anécdota hasta el propio ex presidente de los Estados Unidos, J.F. Kennedy llegó a utilizarla excepcionalmente.

En la actualidad, es notorio el uso de esteroides. Una práctica que emerge como un fenómeno psicosocial de mucha importancia, pero que era consumido en retrospectiva por un 7% de la población joven (hombres y mujeres) desde finales de los ochenta hasta principios del año dos mil, según diversos estudios.

Los esteroides anabólicos son usados por un gran abanico de personas. Si primero fueron deportistas, hoy con los actuales controles antidopaje, ha pasado hacia el mundo privado: profesionales de la seguridad, profesionales de la belleza, del cine o usuarios independientes que los utilizan también como estética para impulsar sus habilidades.

La razón principal de estas adquisiciones por personas que no practican deportes de élite, es su relativa facilidad de ser encontrados a través de redes de gimnasios, farmacias, países sin restricciones en su venta directa mediante laboratorios, o simplemente mafias que trafican con una droga más.

Normalmente, hemos escuchado hablar de diferentes productos sintéticos derivados de la testosterona con acción anabólica, tales como: nandrolona, estanozolol, fomebolona, metandriol, pero sin su clasificación por principio activo (salvo la nandrolona).

¿Quién no ha oído hablar de Deca-durabolin, Primobolan, Winstrol o Proviron? La gran mayoría los conocéis por su especialidad, pero desconoceréis la vía de ingesta (parenteral, oral o transcutánea). Y es que como me diría un habitual usuario del gimnasio en el que entreno, “sólo sabemos dos cosas básicas, si hay que comérselos o pinchárselos”.

Aunque en el argot callejero las cosas sean más simples, hay infinidad de posibilidades a través de estas sustancias artificiales. Podemos engordar, adelgazar, estar voluminosos por hinchazón o por una masa magra extraordinaria, acabar con un porcentaje de grasa irrisorio manteniendo músculo, podemos tener mucha fuerza o podemos simplemente tener mayor resistencia.

En el próximo artículo de esteroides anabolizantes, hablaré sobre algunos aspectos desconocidos del uso de estas sustancias, que presentan una frecuencia mayor y tienen menor impacto psicológico directo en el usuario. Ejemplos: retenciones sódicas, supresión del sistema inmunológico después de un “ciclo”, problemas de insomnio, molestias estomacales, dolores de cabeza, etc.

También hablaré de cómo afectan positivamente al rendimiento en cualquier deporte (entrenamiento – recuperación – sobrecompensación) y os introduciré a las sustancias mencionadas y otras, que podrían componer diferentes configuraciones.

Ivan Kuznetsov

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Licenciado en Medicina Social de Educacion Fisica y Deporte en la Facultad Militar de Moscu. | Ver todas las entradas de Ivan Kuznetsov

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