Jonah Lomu: La Leyenda

BIOGRAFÍA

Hoy hablaremos de un atleta de los que son llamados a cambiarlo todo en el deporte que sea, Jonah  Lomu, uno de esos portentos de la naturaleza que inspiran y motivan a cualquiera. Y a pesar de tener una grave enfermedad renal se convirtió en el jugador más decisivo en la evolución del rugby profesional.

Esta enfermedad se conoce como síndrome nefrítico y para entenderla en primer lugar hablaremos de la estructura y composición de un riñón. Este órgano tiene forma de haba y se encuentran de forma duplicada en el cuerpo, localizados en la zona ventral del mismo. Es una estructura que se divide en dos zonas:

  • Médula: es la porción más central y da lugar a los tubos por la que fluye la orina.
  • Corteza: es la zona más externa, en ella encontramos en un gran numero una estructura típica de este órgano llamada corpúsculo renal, formada a su vez de dos estructuras:

El glomérulo renal: parte más interna del glomérulo compuesta de capilares sanguíneos, es el lugar donde se produce la purificación de la sangre, es decir, lo que pase por esta estructura y se quede en la sangre es una sustancia aprovechable y lo que pase a la siguiente estructura es una sustancia de desecho.

La cápsula de Bowman: parte más externa que recoge la filtración renal de desecho y desemboca en un canal que transporta las sustancias de desecho a la medula renal.

Una vez que las sustancias de desecho y el agua filtrada se encuentren en la capsula de Bowman, irán a parar a una serie de tubos que van desde la corteza del riñón a la médula, para desembocar en un tubo colector saliendo ya de la estructura renal en dirección a la vejiga.

En el caso de Lomu su enfermedad fue considerada una glomerulonefritis primaria, es decir, un trastorno renal ocasionado por la propia enfermedad, no un trastorno derivado de otra enfermedad. Este tipo de enfermedades tienen varias formas de expresión, en particular fue una glomerulonefritis semilunar caracterizada por una forma anómala de aproximadamente el 50% de los glomérulos que forman el riñón, esto impide la correcta filtración de la orina, además se asocio a una glomerulonefritis membranosa en la que el engrosamiento de las membranas de los glomérulos hacía incluso más difícil la filtración. Ambas enfermedades surgen en cualquier momento y por causas aparentemente desconocidas. Esta enfermedad es más letal en pacientes jóvenes o adultos mayores de unos 40 años. Cuando la sintomatología se hace incompatible con la vida es típico el trasplante de riñón y de esta forma se evita la enfermedad.

En el caso de Lomu aunque si se realizó el trasplante en 2006, años después su cuerpo rechazo el órgano y los problemas se volvieron más graves haciendo que Lomu se sometiera a diálisis 3 veces por semana. Desgraciadamente esto no fue suficiente y falleció.

CARRERA DEPORTIVA

Todo comenzó en Lomu. Antes hubo otros, pero no crearon escuela. Después de Jonah cambió todo. Después de él y de lo del 95, porque en ese año el rugby se profesionalizó. Dejó de ser un deporte jugado por policías, carniceros y médicos. Los gordos dejaron de ser gordos, los segundas dejaron de ser esos larguiruchos despistados y los terceras… esos cabrones siguen siendo asesinos a sueldo.

Pero hablábamos de Lomu. “¿Un ala de 1,96 y 120 kilos? Esto debe estar equivocado”, advirtió el seleccionador irlandés Gerry Murphy al leer el sheet antes del primer partido de la Copa del Mundo de 1995. Nadie le conocía y en aquella época no había scoutings ni parabólicas. Pero el ala de 196 centímetros y 120 kilos existía. No sólo eso, aquel día, el de su presentación en un Mundial, el tal Jonah Tali Lomu posó dos ensayos en la victoria de Nueva Zelanda sobre Irlanda (43-19).

Era una fuerza de la naturaleza. Aparecía en el intervalo en el momento justo, atenazaba la almendra con sus zarpas e iniciaba una aceleración asombrosa que le convertía en un tren de mercancías sin frenos ante el que no era aconsejable cruzare en la vía. Su velocidad descomunal (10.7 en los 100) le permitía driblar con facilidad y cuando no podía, embestía sin pudor al placador. Siempre el mismo modus operandi. Daba igual si se encontraba con un delantero rival o con un tres cuartos. Acelerar, driblar, embestir y ensayar. Una secuencia mágica que repitió en la jugada más famosa de la historia del rugby.

Aquí os dejamos un fragmento de una de sus muchas hazañas sobre el campo: Semifinal del Mundial. Nueva Zelanda sale de melé y el 9 de los All Blacks envía un pase deficiente a Lomu. La pelota bota y el gigante la caza mientras recula en carrera. Está cerca de la línea de 40. Toma el balón y se abre para evitar a Rory Underwwod, del que se zafa con un hand-off. Al entrar en la 22 supera al legendario Will Carlin, que le lanza a la desesperada una zancadilla francesa que traba la carrera de Lomu, quien llega trastabillado al encuentro con Mike Catt, el zaguero inglés. “Lo vi venir y pensé: ‘Yo peso 90 kilos, él 115 y viene en carrera’. Sopesé varias formas de placarle: desde lanzarme a los tobillos a entrarle en diagonal o ir al choque abajo para trabarle las piernas. Me estaba agachando cuando me topé con él. Fue como si me pasara un elefante por encima. Me golpeó, me dejó patas arriba y ensayó”. Catt lo encajó con humor. “Podré decir que yo he descubierto a Joanh Lomu”, advirtió tras el partido a la prensa inglesa. Nueva Zelanda ganó 45-29 y Lomu anotó ¡4 ensayos! Entonces Carlin, capitán inglés, pronunció una frase que retumbó en los confines del rugby: “Lomu es un monstruo que cambiará este deporte tal y cómo lo conocemos”.

Lomu nunca ganó un Mundial. Pero no le hizo falta hacerlo para cambiar el rugby. Durante una década exhibió su elegante forma de correr cumpliendo la ortodoxia del rugby: ala abierto, pelota protegida afuera y brazo interior liberado para ir sacudiéndose placajes con ese hand-off que tenía la fuerza del croché de un peso pesado. Sacaba las manos para recibir la pelota, como mandan los cánones, corría con la cabeza alta, leyendo los espacios para lanzar contrapiés a la velocidad de la luz. Y luego desplegaba descomunales percusiones en las que descomponía su figura de velocista bajando el centro de gravedad y agrupando toda la masa para focalizar su potencia en un punto de impacto, alejando siempre la pelota del mismo.

La aparición de Lomu operó un efecto innegable en el mundo de rugby: paquidermizó las líneas de tres cuartos. El rugby dejó de ser un deporte de evasión para convertirse definitivamente en un deporte de contacto. Los gigantes aparcaron sus complejos para jugar la pelota y correr con ella entre las manos. Niños llamados a jugar de segundas o flankers, comenzaron a alinearse atrás. Nació una estirpe de centros que usaban camisetas XL, como los delanteros. Percutores de profesión. Se comenzaron a introducir jugadas como cruces y loops para relanzar a estos sicarios de la línea que atacan el intervalo sin barajar más alternativas que la de aplastar cuanto encuentran en el camino. A los tres cuartos se nos solía explicar que era más fácil romper una rama que tumbar un árbol al entrar en el bosque. Hace años que no quedan ramas y los bosques están poblados de árboles robustos.

Esta nueva raza se acomodó en la posición de centro. Más concretamente en la de segundo centro, posición natural de los ejecutores, jugadores a los que digamos, no les pagan por pensar. Si el primer centro lee, husmea, interpreta y descifra. El segundo pega, percuta, ejecuta, rompe. Y siempre con una máxima: “Te la comes”. Da igual que te enfrentes a un soldado, a un batallón o a un ejército. Pega, pisa fuerte hasta donde llegues y protege la almendra con tu vida hasta morir en el suelo. Metro a metro, pulgada a pulgada. Tipos a los que le gotea el colmillo. Gente que disfruta más dejando en su camino un reguero de ‘cadáveres’ que posando el ensayo.

Cuando uno se encuentra en estampida a uno de estos búfalos en una abierta debe apuntar a los tobillos. Siempre a los tobillos. El único sitio en el que todos los rugbiers somos iguales. Echar el cepo y esperar que el árbol caiga. Todo lo que sea ir por encima de la rodilla es jugar a la ruleta rusa porque tienen muslos de piliers y golpean como flankers. Están fabricados en acero fundido y están diseñados para percutir. Son maestros en el arte de chocar. Algunos de los más destacados Tryceratops del rugby mundial: los alas galeses George North (1,94m y 110kg) y Alex Cuthber (1,98m y 104kg) o centros como Mathieu Bastareaud (126kg) o Manu Tuilagi (125kg).

Tristemente, un fatídico 15 de noviembre de 2015, Jonah Lomu nos abandonó a los 40 años, debido a esta enfermedad, dejando huérfano al rugby mundial pero preservando un gran recuerdo en todos sus seguidores.

BIBLIOGRAFÍA

  • P.A. Canetta, J. Radhakrishnan. 2015. The Evidence-Based Approach to Adult-Onset Idiopathic Nephrotic Syndrome. Pubmed. 3:78.
  • Parte fisiológica: Sergio Álvarez Delgado
  • Parte técnica deportiva: Francisco Padilla Herrero
Sergio Alvarez

About Sergio Alvarez

Atleta nacional de powerlifting. Estudiante de biología en la ULe. Diabético de nacimiento y muy concienzado con la alimentación. Apasionado del deporte y la mejora de la calidad de vida. | Ver todas las entradas de Sergio Alvarez

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